Me dabas licencia para soñar

Me dabas licencia para soñar

Desde que se supo que ya no seguías en el Barça, todo se me ha vuelto a remover, toda la etapa dorada en la que nos maravillaste, increíblemente, coincidió con la etapa personal más feliz de mi vida. No puede ser, el jugador más grande de la historia del club, se va.

No me lo creo, como no me creo otras cosas. Sí, yo también me voy. Duele. Joder, todo coincide.

Y todo se rompe, da igual si han pasado 10, 20 o 30 años.

Y a vos, Messi, también se te veía muy feliz. Estamos hablando del club de tu vida.

Años, donde el tiempo era muy relativo, donde con una sonrisa todo se arreglaba, la alegría de vivir presidía cualquier acción, momento, costumbre, por encima de todo.

Tú juego con el balón siempre fue y es alegría pura, naturalidad, magia, atrevimiento, así me sentía yo aunque no tuviera un balón en los pies y mi profesión fuera otra en ese momento. Sí, no se puede comparar, pero hay coincidencias, aún salvando miles y miles de millones de km de distancia.

Pero las emociones, los sentimientos, lo que resuena, lo que vibra, se comunica por otras vías, por vasos comunicantes invisibles.

Eran tardes, días maravillosos, de vivencias muy especiales, tardes y noches que encima eran adornadas de un fútbol sublime y que tuve el pivilegio de ver, ya sea desde de mi sofá como desde un bar; Era como que todo iba rodado, como aquel Barça de Guardiola que liderabas de manera espectacular.

No paraba de soñar, muchos instantes convertidos en sueños. El ambiente que se respiraba era de alegría eterna.

Nos permitíamos la licencia de soñar, donde todo era posible en la vida real. Vos Messi, con tu Barça, con ese juego que desplegaban, nos daban esa licencia de poder soñar libremete y alegremente en el día a día.

Impagable. Una rutina hermosa.

¿Te acordás Leo, de esa final del 2011 en Wembley contra el Manchester United? Pues ese fue el año más hermoso de mi vida a nivel personal y madre mía, como nos divertimos con esa final de la Champions y como gritaste, corriste hasta el córner, y de paso pateaste algo que había de por medio, para gritar con toda tu alma.

Pues yo salí a la terraza del piso de calle Mascaró, donde vivía en ese momento, también a gritar de alegría. No sin un baño frío de tristeza ya que encima ese día mi queridísimo beagle que se llamaba Tango se nos iba … para siempre.

Momentos así, son eternos, alegría, diversión, tristeza, rabia, lágrimas.

Sí, fue un sueño, pero real. Tan real, como que ya no jugarás más en el Barça. ETERNO eres, ETERNOS somos.

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